Este año aprendimos, en la práctica, la diferencia entre poseer y escriturar — y por qué el capital permanente convierte esa diferencia en ventaja y no en angustia.
En junio y julio recibimos la posesión de las dos unidades restantes de las adquisiciones de 2024, y las pusimos en renta de inmediato. Las escrituras llegaron en diciembre, más tarde de lo previsto. La causa no fue la construcción — los edificios llevan años en pie — sino el papeleo que convierte un edificio de un solo dueño en unidades vendibles una por una: los permisos de subdivisión y la constitución del régimen de condominio.
Quien compra unidades individualizadas de un edificio adquirido en bloque, compra también ese trámite. Lo sabíamos al firmar. Lo que sí controlábamos — contratos, condiciones de entrega, expediente completo — estaba resuelto desde el principio, de modo que la espera fue solo eso: espera, no riesgo. El orden de los hechos resume bien el año: el flujo llegó antes que el papel, y el papel llegó completo.
Con las tres primeras unidades escrituradas y en operación, el núcleo de renta del fondo quedó en marcha. Y entre junio y agosto firmamos dos adquisiciones más, bajo la misma tesis y en los mismos desarrollos, con entregas programadas para junio y agosto de 2026. El portafolio comprometido asciende así a cinco unidades: tres en operación y dos por recibir.
El año dejó también otra primera vez: se otorgaron los primeros créditos de la plataforma de crédito privado — dos operaciones con una misma contraparte, conforme al estándar de la casa: colateral tangible, documentación ejecutable y calendario de pagos definido. Empezar esta plataforma con una sola relación fue deliberado: preferimos conocer a fondo a una contraparte antes que repartir capital entre muchas que apenas conocemos.
Cerramos el año como lo empezamos: sin prisa, con apalancamiento conservador, y con la convicción de que la paciencia — cuando está respaldada por documentación que resiste escrutinio — es el activo que mejor se comporta en cualquier ciclo.
Xillion Capital